27/02/2026
Alertan que una sustancia se acumula en la miel de las abejas y podría poner en riesgo su supervivencia
Fuente: telam
Un estudio reveló que estos compuestos pueden encontrarse en las colonias. Las claves del fenómeno
>Un estudio ha demostrado que la exposición al PFOS, uno de los llamados “químicos eternos”, podría estar amenazando la viabilidad de lasLa investigación, En el trabajo dirigido por la doctora Carolyn Sonter bajo la supervisión de la profesora Susan Wilson, la profesora Romina Rader, el profesor Matthew Tighe y la doctora Manisha Shakya –todos de la UNE–, se detectó que el PFOS no solo se acumula en los tejidos de las colonias expuestas, sino que contamina la miel, estableciendo un puente directo entre la presencia del contaminante en el ambiente y el riesgo para el consumo humano y la biodiversidad.
Este descenso en el peso corporal tiene consecuencias en la biología de la abeja. Las abejas más pequeñas presentan glándulas de menor tamaño, incluidas las glándulas hipofaríngeas, responsables de la producción de jalea real, la sustancia nutritiva destinada a alimentar a las larvas y futura descendencia. “Un peso corporal menor indica una abeja más pequeña con glándulas más pequeñas, incluida la glándula hipofaríngea, que produce jalea real para alimentar a la próxima generación de abejas”, explicó Sonter.
La amenaza al ciclo reproductivo de las abejas melíferas europeas por efecto del PFOS supone un desafío directo para la agricultura. La doctora Sonter resaltó que la disminución progresiva de poblaciones de abejas por la contaminación “afectaría negativamente la polinización de los cultivos”, lo cual repercute en los rendimientos de alimentos fundamentales para la dieta humana.
El impacto es sistémico: la disminución de abejas comprometidas por PFOS reduciría la producción global de alimentos de origen vegetal, afectando tanto la variedad como el contenido nutritivo de millones de dietas humanas.
El perfluorooctanosulfonato (PFOS) forma parte de la amplia familia de los PFAS –siglas en inglés de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas–, conocidas internacionalmente como “químicos eternos” por su alta persistencia ambiental. El PFOS fue desarrollado en la década de 1930 y, hasta inicios de la década de 2000, fue un componente común tanto en productos industriales como de consumo, incluidas las espumas formadoras de película acuosas empleadas para combatir incendios de alta temperatura.Además, el PFOS resulta del proceso de degradación de productos como la sulfluramida, utilizada en ciertas regiones para el control de hormigas cortadoras de hojas en la agroforestería. A pesar de que su uso fue descontinuado en países como Australia, la contaminación heredada por PFOS y compuestos relacionados mantiene vigente la amenaza. Como explicó Sonter, “el legado del PFOS es permanente, al menos durante nuestra vida”.Uno de los principales aportes del estudio conducido por la Universidad de Nueva Inglaterra fue confirmar, bajo condiciones de laboratorio controladas, que el PFOS puede acumularse en las abejas y transferirse a la miel. Este descubrimiento abre nuevas preguntas sobre la magnitud del riesgo tanto para la cadena alimentaria de los polinizadores como para el consumo humano de productos derivados, como la miel.
A pesar de ser especies esenciales para la biodiversidad y la seguridad alimentaria, Sonter alertó sobre la baja cantidad de investigaciones enfocadas en el efecto de contaminantes ambientales sobre las abejas: “Aunque las abejas son un insecto tan importante, se las investiga y comprende poco en lo que respecta a las amenazas que representan los contaminantes ambientales”.
El equipo de la Universidad de Nueva Inglaterra, incluyendo el Grupo de Investigación en Ciencias de la Contaminación, el Laboratorio de Ecología Comunitaria Rader y el Grupo de Investigación en Ecología y Restauración Acuática, continuará en los próximos años con investigaciones orientadas a encontrar respuestas que permitan diseñar “pautas de protección para las abejas” y su entorno.Entre las recomendaciones inmediatas, la doctora Sonter indicó que para reducir riesgos en el entorno doméstico, los usuarios pueden “evitar el uso de productos fitosanitarios que contengan PFAS en los jardines. ¡Muchos los contienen!”.
Fuente: telam