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25/09/2024

‘Yo, adicto’: la serie autobiográfica que sacude el Festival de San Sebastián y nos descubre el talento de un creador valiente y honesto

Fuente: telam

Javier Giner adapta su propio libro en una ficción para Disney Plus+ que se convierte en una experiencia tan arrolladora como catártica y en la que brilla de manera estratosférica Oriol Pla

>Es una de las grandes series del año, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. También es la confirmación del talento de su creador, Javier Giner nació y creció en Barakaldo en los años ochenta, en plena epidemia de heroína. En aquel momento, se podía identificar a la perfección quien estaba enganchado a la sustancia. Hoy en día, cualquiera de nosotros podríamos esconder debajo de la máscara de las apariencias cualquier tipo de En 2021, Giner plasmó su relato en torno a la dependencia y su posterior exorcismo personal en el libro de no-ficción Ahora Yo, adicto se convierte en una serie para Disney Plus (se estrena el próximo 30 de octubre), en una serie valiente como pocas veces hemos visto en la ficción de nuestro país desde el auge de las plataformas. Una serie que te lleva por un túnel desde la oscuridad a la luz, que resulta cruda, impactante, ‘revulsiva’, pero que se atreve a destapar las miserias íntimas (y colectivas) de una manera tan brutal como honesta. Y, lo más importante, termina abrazando, dando esperanza y ofreciendo un mensaje de reconciliación humana fundamental y emocionante.

Nos introducimos en la historia a través de la voz en of del propio protagonista (Oriol Pla): “Soy un payaso ‘tocapelotas’ e histriónico, arrogante, bocazas, frívolo. ¿Por dónde inicia uno el retrato de su propia vida?” Una pregunta difícil de responder y que nos adentra en uno de los ejercicios autobiográficos más indómitos y descarnados vistos tanto en España como fuera de nuestras fronteras.

En el libro, el autor ya contaba uno de los episodios más oscuros de su vida, cuando su madre tuvo que recogerlo en un hostal después de una noche de drogas y de sexo, porque no tenía dinero para pagar a dos hombres que ejercían la prostitución masculina. Si en el libro ese momento ya resultaba sobrecogedor, su ‘plasmación’ en imágenes resulta desoladora, sobre todo gracias a la interpretación de Itziar Lazcano, que interpreta a la progenitora.

Además, esos compases demuestran que la crudeza no está reñida con la delicadeza a la hora de poner en imágenes ese panorama tan desolador e incómodo. El plano en el que el protagonista sigue a su madre después de haber tocado fondo, marcará un punto de inflexión en su vida y en el relato y es devastador.

A partir de ese momento, nos trasladaremos a otro escenario, el de la clínica de desintoxicación en la que encontraremos a Anais, una experta orientadora social (una gran Nora Navas) y todo un crisol de personajes que se encuentran ingresados por diferentes circunstancias y que configuran un grupo de lo más heterogéneo y compacto entre cuyos rostros se encuentran los de Resulta difícil describir cómo la serie es capaz de componer una coreografía de personajes tan precisa, en la que cada uno de ellos tiene su propia identidad, ya salga en un solo episodio o en todos, demostrando un espíritu orgánico que marcará buena parte de los capítulos, que se mueven en la cuerda floja entre multitud de registros que nos llevan desde la furia, la tortura psicológica, el humor más negro y la delicadeza emocional.

Javier Giner demuestra su capacidad para orquestar una sinfonía de actores difícil de conseguir aunque, la parte más complicada, sin duda, la tenga La serie, que consta de seis capítulos, nos irá conduciendo por diferentes estadios que van mucho más allá del tema del que se supone que habla, la adicción. Se abordan cuestiones de lo más espinosas a las que no se renuncia a hablar de manera clara y, por qué no decirlo, política, como los abusos dentro del sector cinematográfico, el ‘chemsex’, lo que significa el éxito y el fracaso dentro de nuestra sociedad, la salud mental (por supuesto) y las relaciones con la familia, uno de los núcleos cordiales de la narración y que nos conduce a un clímax en el capítulo 5 que se convierte en una cumbre difícil de superar: una escena de discusión entre Javier y sus padres (de nuevo Itziar Lazcano y Ramón Barea) en la que se plasma, casi a través del vómito verbal, muchos de los males endémicos de toda una generación sometida a las expectativas (tóxicas) de los padres más allá del desarrollo de la propia identidad, anulada por una autoexigencia malsana.

Fuente: telam

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