19/11/2025
La conmovedora historia de Rex, el perro callejero que aparece en el documental de Fernando Báez Sosa: “No fue una casualidad”
Fuente: telam
Juan Manuel Pereyra Rozas protagonizó uno de los momentos más emotivos del documental “50 segundos” al recordar una particular historia que lo marcó durante esas trágicas vacaciones en Villa Gesell
>En el Se trata de un relato pequeño y profundo, casi al margen, cuyo protagonista resulta inesperado: un perro callejero que, sin proponérselo, se convirtió en símbolo y promesa durante aquellas últimas vacaciones compartidas por el grupo de amigos del Colegio Marianista.
El nombre que los chicos eligieron para la mascota –un apodo nacido de la ternura y el azar, confeccionado entre abrazos y fugaces tardes veraniegas– hoy encierra un significado impensado, un eco que resuena en todos los que, alguna vez, acariciaron la esperanza de no tener que despedirse nunca.Y, entre tanto horror y tanta ausencia, queda el refugio de las pequeñas historias, las que atan a Fernando a la tierra, a las calles de Villa Gesell y a las tardes de verano. Una de ellas, contada por Juan Manuel Pereyra Rozas, desarma toda coraza en una confesión llena de añoranza y asombro.
Lo que Juan Manuel quería contar es cuando él gira el brazo, el nombre “Rex” -que está escrito con una caligrafía especial- se transforma en el nombre “Fer” si se lo lee al revés. En ese momento, su voz rompe en lágrimas y esa fue la última imagen de la docuserie.
La amistad entre Fernando y los amigos se inició en el Colegio Marianista, del barrio porteño de Caballito. El joven había ganado una beca entre 400 postulantes y su esfuerzo fue el orgullo de la familia Báez Sosa. Su incorporación al grupo, ya consolidado, no fue algo inmediato.
Sus amigos lo recordaron como “una persona graciosa, activa, bromista e incansable para organizar planes” y destacaron que solía invitarlos a su casa para jugar a la Play Station y a comer la comida que él mismo cocinaba.
Además, coincidieron en que “Fernando era un pibe con actitud, que si tenía que poner el lomo para defender a los suyos, lo defendía”. Esa evocación emerge a la sombra de lo que vendría después.“No le gustaba que lo pasen por encima, básicamente. Por eso, después, fue parte de lo que pasó. Le gustaba que lo respetaran, como él también respetaba a los demás”, deslizó uno de ellos sobre la tragedia de lo que vendría después. La docuserie, de tres capítulos, no solo expone la brutalidad del ataque, sino también el conmovedor relato de Graciela Sosa, la madre de Fernando, quien recordó la última conversación con su hijo antes del viaje.“Me dijo que quería ir de vacaciones con los amigos, que sería el último [viaje] que hacía. Y yo le decía ‘¿y por qué último?’, y me decía ‘porque ya cada uno eligió una carrera, cada uno ya tiene novia y cada uno va a seguir su camino, su trayecto, a pesar de que siempre seremos amigos’. Fue ahí también la decisión de darle la oportunidad a mi hijo de que vaya de vacaciones”, reveló la mujer sobre los dichos de su único hijo, que terminó convirtiéndose en su peor premonición.Llegó el viaje. La previa, la excitación, la novedad: el primer día, el micro se rompió en la ruta, y Fernando llegó a Gesell cansado, pero sonriendo. Eran vacaciones adolescentes, con todos sus códigos: la libertad de no tener padres al alcance, los horarios extendidos, los mates en la playa. “Nuestro ‘mood’, como se dice, era pasar la tarde tranquilo, con amigos, tranquilo. Me como unos churros, me tomo un licuado, también puedo tomar una cerveza, pero tranquilo”, relató uno de los amigos de Fernando.
Pero la noche, para los jóvenes, suele ser una promesa difícil de sostener. La noche en Gesell era música, luces, cuerpos apretados, boliches repletos, calor y ganas de sentirlo todo. Y el grupo se debatía: “Deliberando, peleando a ver si íbamos al boliche o si no íbamos al boliche. Diez minutos antes de salir, no sabíamos a dónde íbamos a ir”.
Fuente: telam