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05/08/2025

Así funcionan los laberintos subterráneo que protegen a Europa de los residuos nucleares

Fuente: telam

Francia, Finlandia y Suecia apuestan por innovadores complejos bajo tierra para aislar materiales radiactivos y evitar riesgos ambientales a largo plazo

>A 450 metros bajo tierra, en las profundidades de la región de Champaña, en Francia, se extiende un laberinto de túneles y cámaras excavadas en la roca. Allí, lejos de la superficie y de la vida cotidiana, se prepara uno de los mayores desafíos tecnológicos y sociales de la humanidad: aislar Según BBC News Mundo, este tipo de instalaciones subterráneas, conocidas como “sarcófagos” o almacenes geológicos profundos (GDF, por sus siglas en inglés), representan la apuesta más ambiciosa para garantizar la En el noreste de Francia, a unas cuatro horas de París, la Agencia Nacional de Residuos Radiactivos (Andra) dirige un laboratorio subterráneo que se convirtió en referencia internacional. Este complejo, con 2,4 kilómetros de túneles, alberga experimentos científicos, pruebas de técnicas de construcción e innovaciones tecnológicas destinadas a demostrar la viabilidad y seguridad de un futuro almacén geológico profundo. El objetivo es obtener la licencia para construir una instalación definitiva junto a los túneles actuales, donde se depositarán residuos nucleares de media y alta actividad.

Un almacenamiento geológico profundo (GDF) es una instalación subterránea diseñada específicamente para aislar residuos nucleares de alta peligrosidad, utilizando la protección natural de formaciones rocosas estables y barreras tecnológicas avanzadas. Estas estructuras se excavan a profundidades de entre 500 metros y un kilómetro, donde la geología ofrece condiciones favorables para confinar los materiales radiactivos y evitar su liberación al entorno.

Finlandia marcó un hito al convertirse en el primer país del mundo en construir y poner en funcionamiento una instalación de almacenamiento geológico profundo para combustible nuclear gastado.

La selección del emplazamiento es uno de los desafíos más complejos. Los ingenieros y geólogos analizan minuciosamente los datos disponibles para determinar si las rocas a grandes profundidades, como el granito o la arcilla, pueden garantizar la estabilidad y el confinamiento de los residuos durante más de 100.000 años. La falta de datos suficientes, la proximidad a acuíferos vitales o la posibilidad de cambios geológicos a largo plazo pueden descartar ubicaciones aparentemente prometedoras.

La tecnología desempeña un papel fundamental en la seguridad de estas instalaciones. En Francia, los ingenieros han desarrollado un funicular para una rampa de 4 kilómetros, capaz de detener un contenedor que caiga sin control. Además, se probaron robots autónomos, como los perros-robot de Boston Dynamics, para desplazar bidones en caso de incidentes, y robots especializados para recuperar bidones de celdas corroídas en túneles estrechos y de difícil acceso.

La aceptación de las comunidades locales es un requisito indispensable para el éxito de estos proyectos. Las poblaciones pueden ofrecerse voluntariamente para albergar un GDF, motivadas por la promesa de inversiones y empleos, pero su consentimiento debe mantenerse durante todo el proceso. La experiencia previa con la industria nuclear influye notablemente en la percepción social.

En contraste, en Reino Unido la experiencia fue menos positiva, lo que dificultó la búsqueda de una comunidad anfitriona. Además, la oposición social puede surgir rápidamente si la gestión no es adecuada. En Suecia, SKB enfrentó protestas en varias localidades durante las fases de perforación de prueba, lo que llevó a la organización a valorar la importancia de una respuesta positiva de la población local.

La tentación de reutilizar minas en desuso para almacenar residuos nucleares surgió en varios países, como ocurrió en Alemania en las décadas de 1960 y 1970 con residuos de baja actividad. Sin embargo, los expertos advierten que estas infraestructuras no fueron diseñadas para garantizar la seguridad nuclear a largo plazo. “Es una pregunta perfectamente comprensible y natural: ‘Bueno, tenemos estos lugares, ¿por qué no los reutilizamos?’. Pero no se construyeron con nuestro propósito, ni a largo plazo, ni pensando en la seguridad nuclear”, señaló Hyatt a BBC.

Por el contrario, construir instalaciones nuevas permite planificar desde cero y aplicar los más altos estándares de seguridad. En Finlandia, la costumbre de construir bajo tierra para protegerse del clima ha facilitado la aceptación de este enfoque.

La legislación francesa exige que los residuos depositados en una GDF puedan recuperarse de forma segura durante la fase operativa, mientras que en Reino Unido este principio actúa como una guía general. Sin embargo, la recuperación se complica progresivamente a medida que se sellan las cámaras, hasta que la instalación queda cerrada de forma permanente.

Los plazos de estos proyectos, que pueden abarcar cientos de años, plantean una pregunta fundamental: ¿qué impulsa a los especialistas a trabajar en obras que probablemente nunca verán concluidas? Para Anna Porelius, la respuesta es clara: “Para la mayoría de nosotros es el sentido de la finalidad. Puede que ninguno de nosotros vea terminado el proyecto del depósito definitivo, pero lo que hacemos ahora y lo bien que ejecutamos la solución de los residuos nucleares afecta a las generaciones venideras. Hacerlo bien... nos da la motivación para seguir adelante”.

Las decisiones tomadas hoy en torno al almacenamiento geológico de residuos nucleares tendrán repercusiones que se extenderán mucho más allá de la vida de sus impulsores, y definirán el futuro de la seguridad nuclear para la humanidad.

Fuente: telam

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