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Viernes 1 de Mayo de 2026

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09/09/2024

La belleza de la semana: de la alegría al odio, todos las emociones en el arte

Fuente: telam

Un recorrido por clásicos de la pintura que muestran lo más profundo del alma o, como decía Paul Klee, hacen “visible aquello que no lo es”

>“El arte no reproduce lo visible, hace visible aquello que no lo es”, decía Paul Klee. Alemán, surrealista, expresionista, por momentos abstracto, Klee pensaba fundamentalmente en la pintura. Y la frase merece ahondar un poco más. ¿Qué es lo que el arte visibiliza? Pensemos en un grupo de personas que posa para un retrato. La fotografía muestra sus expresiones y quizás en esas postales veamos algo de lo que sienten, de lo que llevan adentro. ¿Qué hace la pintura?

Empecemos por la alegría. Por la alegría familiar. Sobre la chimenea de un desordenado hogar del siglo XVII, cuelga una nota reveladora: “Como canta el viejo, el joven toca”. Este proverbio holandés, que resalta la influencia de las acciones de los mayores sobre los jóvenes, cobra vida en el cuadro La familia feliz de Jan Steen, una obra maestra de 1668 que se exhibe en la colección del Rijksmuseum de Ámsterdam.

Jan Steen, conocido por sus representaciones de interiores bulliciosos y desordenados, plasma en esta pintura una celebración musical familiar. El padre, con copa alzada y violín en mano, canta vigorosamente mientras su suegra y su hija, que sostiene al más pequeño en su regazo, lo acompañan. Los niños, en su descontrol, replican malos hábitos: uno bebe vino de una jarra sostenida por su hermana, y otro fuma en pipa mientras sujeta una correa con un cuerno.

La sala de estar es un caos: un ambiente sin normas. En el centro, el padre canta apasionadamente, simbolizando la influencia y el ejemplo de los adultos. Al fondo, el pintor se representa a sí mismo tocando la gaita, instrumento asociado a la promiscuidad y rusticidad. El mensaje moral de la obra reside en la nota colgada sobre la chimenea, subrayando que los comportamientos de los mayores son imitados por los jóvenes, lo que resuena con fuerza en el refrán holandés de la época.

Pero la alegría no es para siempre y lentamente, con el correr de los minutos, las horas, los días, la rutina gana presencia, el mundo sigue su curso, la vida se pone pesada, densa, real. Autómata de Edward Hopper pone de manifiesto ese estado de ánimo. Para muchos, se trata de la representación del concepto de alienación urbana. Esta pintura al óleo de 1927 actualmente es propiedad del Centro de Arte de Des Moines en Iowa.

Esta particular obra del pintor realista estadounidense fue exhibida por primera vez el Día de San Valentín de 1927 en las Galerías Rehn de Nueva York durante la segunda exposición individual del artista, donde se vendió por 1.200 dólares, equivalentes a 21.048 dólares aproximadamente en 2023. La pintura muestra a una mujer, sentada solitaria, observando una taza de café en medio de un autómata nocturno. No está triste, es un estado más difuso, ¿qué es?

El cuadro se caracteriza por captar una noche oscura en el otoño o invierno, reflejado en el fuerte abrigo de la mujer. No está claro en qué momento del día transcurre la escena; podría ser justo después del atardecer, medianoche o temprano en la mañana. La falta de actividad y vida en la calle, además de la posible prisa de la mujer, simboliza su aislamiento y, al parecer, un estado melancólico, ya que solo se ha quitado un guante y el plato vacío en la mesa sugiere una breve estancia.

La tristeza irrumpe. Vincent Van Gogh la refleja en Anciano apenado (En la puerta de la eternidad), una pintura al óleo terminada en mayo de 1890, mientras se encontraba en una fase de convalecencia tras una grave recaída en su salud mental: estaba internado en el manicomio de Saint-Rémy de Provence, donde pasó sus últimos meses. Esta obra fue creada poco antes de su muerte, la cual generalmente se acepta como suicidio, según diversas fuentes.

Vincent van Gogh es reconocido no solo por su estilo distintivo y su uso vibrante del color, sino también por la intensidad emocional de sus obras, que capturan tanto la belleza como la tragedia de la condición humana. Su producción artística durante los últimos años de su vida en Arles, Saint-Rémy y Auvers-sur-Oise incluye algunas de sus piezas más veneradas y estudiadas. No hace falta mencionar demasiado: cuando vemos una de sus obras, sabemos que estamos frente a un Van Gogh.

La complejidad de Anciano apenado (En la puerta de la eternidad) y su trasfondo reflejan el turbio estado mental del artista durante ese periodo, así como su capacidad para transformar su angustia personal en arte de profunda resonancia y significado. “Qué puedo decir de estos dos meses? las cosas no están yendo bien en absoluto, estoy más triste y aburrido de lo que podría describirte (...) Tan melancólico me siento”, le escribió a su hermano Theo por esos días.

Si la tristeza, si el dolor, si la angustia enta todos juntos en una ruta despoblada y recta y aceleran... ahí llega la desesperación. Esto nos lleva a un cuadro: El grito. Edvard Munch es conocido mundialmente por esta emblemática obra que corresponde a cuatro versiones diferentes de un cuadro creado entre 1893 y 1910. La versión más destacada se exhibe en la Galería Nacional de Noruega y fue completada en 1893.

Las versiones de El grito simbolizan a un hombre moderno afectado por la desesperación, con un fondo que retrata Oslo desde la colina de Ekeberg. Esta pintura se ha convertido en un icono cultural comparable a La Gioconda de Leonardo da Vinci. El cuadro destaca por sus colores cálidos y la figura principal que parece lanzar un grito de angustia mientras se encuentra en un sendero con vallas, acompañada de un cielo fluido y arremolinado.

Odio

Lucifer, el protagonista de El ángel caído, desafía a Dios con rabia y tristeza. La célebre pintura al óleo de Alexandre Cabanel, realizada en 1847, y se encuentra preservada en el Museo Fabre en Montpellier, Francia. La obra, que retrata a un ángel expulsado del cielo por Dios, ha captado la atención de críticos y se considera una joya del Romanticismo, informa. Es odio lo que siente; ira, resentimiento. A diferencia de la tristeza, es una posición activa que clama venganza.

La iconografía de Lucifer, también conocido como Satanás después de su rebelión contra Yahvé, tiene amplias resonancias culturales y religiosas. La referencia bíblica en el libro de Isaías (14:12) refuerza esta conexión con las palabras: “¡Cómo caíste del cielo, Lucifer, hijo de la mañana! ¡Derribado fuiste a tierra, tú que debilitabas las naciones!”. Estas palabras encapsulan la caída de un ser celestial que aspiró a igualarse al Altísimo, un tema recurrente en varias ramas del arte y el pensamiento.

Fuente: telam

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